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María Magdalena y los testigos de la resurrección
III

La piedra removida

Capítulo 3 de 12

Llegaron al sepulcro temprano. Los Evangelios usan frases distintas para describir la hora: muy de mañana, siendo aún oscuro, al rayar el alba. Era el instante exacto entre la noche y el amanecer.

Y se encontraron con un problema inesperado.

Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.

Marcos 16:3–4

La piedra que sellaba la entrada del sepulcro era una piedra plana y circular que rodaba por un canal tallado en la roca. Según los arqueólogos de las tumbas judías del siglo primero, las mayores podían pesar cerca de una tonelada. Hacían falta varios hombres para moverla.

Cuando ellas llegaron, ya estaba removida.

Entraron en el sepulcro, y allí dentro el cuerpo ya no estaba.

En el sistema legal judío del siglo primero, el testimonio de una mujer no era válido ante un tribunal. El historiador Flavio Josefo, citando la práctica común, escribió que no se debía aceptar el testimonio femenino "a causa de la ligereza y la temeridad de su sexo".

Si los Evangelios hubieran sido inventados como propaganda, los autores habrían elegido testigos varones: apóstoles, soldados, cualquiera con peso legal. Que eligieran a mujeres como las primeras testigos de la resurrección es una señal, entre otras, de que estaban registrando un hecho ocurrido.