Hesed EN
María Magdalena y los testigos de la resurrección
VII

Cleofas y el otro en el camino a Emaús

Capítulo 7 de 12

Esa misma tarde, dos discípulos caminaban desde Jerusalén hacia una aldea llamada Emaús, a unos once kilómetros al noroeste de la ciudad.

Uno se llamaba Cleofas. El otro no se nombra nunca en el texto; algunos comentaristas sugieren que era su esposa, otros que era el propio Lucas en una modesta alusión a sí mismo.

Hablaban de lo que había ocurrido en los últimos días. Y un caminante se les unió.

Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.

Lucas 24:16

El verbo griego ekratounto sugiere una limitación venida de fuera más que una simple ceguera del cansancio: algo, o alguien, retenía su capacidad de reconocer.

Caminaron juntos once kilómetros. El desconocido les preguntó de qué hablaban. Ellos le explicaron lo que había ocurrido con Jesús de Nazaret, y cómo algunas mujeres habían informado esa mañana de un sepulcro vacío.

Y el desconocido, que era Jesús, comenzó a explicarles las Escrituras desde Moisés y todos los profetas, mostrándoles que el Mesías tenía que sufrir todo lo que había sufrido.

Cuando llegaron a Emaús, le rogaron que se quedara. Se sentaron a comer.

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.

Lucas 24:30–31

El gesto reveló al Maestro. Sus manos lo identificaron antes que su rostro.