Esa misma noche, los dos de Emaús volvieron corriendo a Jerusalén. Encontraron a los Once reunidos en el aposento alto, con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías.
Y mientras hablaban, Jesús se apareció en medio de ellos.
...vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: ¡Paz a vosotros!
Juan 20:19
Los discípulos se asustaron: pensaban que veían un fantasma. Jesús les mostró sus manos y su costado, pidió de comer y comió un trozo de pescado asado delante de ellos.
El detalle de la comida pesa más de lo que parece, porque un fantasma o una visión imaginaria no se sienta a masticar pescado. Lucas, el médico, registra ese detalle con la precisión de quien quiere descartar de raíz cualquier interpretación psicológica.
Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Lucas 24:39
A los once discípulos se suman ahora Cleofas y su acompañante, María Magdalena, Pedro y Juan tras su visita al sepulcro, y las demás mujeres que habían dado aviso por la mañana.
Pero faltaba uno de los Doce.
Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
Juan 20:24
Ocho días después llegaría su propio momento.